lunes, 5 de mayo de 2008

Cuentos de amor y locura soledad

Bendita naturaleza humana que nos permite mantener abiertas puertas
y ventanas como una alternativa para evitar la locura.
Frase célebre, escrita por una celebración

Lo esperaba a las seis de la tarde como todos los días. Escuchaba el rumbido de su auto y se apresuraba acomodándose el pelo y ajustándose el pantalón. Se asoma despacio pues quería asustarlo, y ¡sorpresa! Grita con fuerza mientras él se estremece al verla, voltea con una sonrisa forzada, los nervios se le notaban en los ojos desorbitados. –¿Nos vamos?- le dice subiéndose al coche –sí, pero antes… -¿papá quién es ella?- le pregunta un niño desde dentro del coche. Ella voltea y le pide una explicación, él no aguanta más y suelta la risa, le explica que quería hacerle una broma. Había entrenado a su sobrino para que le llamara papá delante de ella. Ella suelta las manos y huye corriendo. –Sólo quería un motivo para cantarte la canción que te gusta-, le grita con fuerza, -quería traerte serenata esta noche-, los gritos le dan fuerza a sus pasos que se convierten en un andar agitado. La persigue gritando y cantando la canción, ella no lo escucho nunca más, desconoció la realidad.
Vagó por las calles día y noche, algunas veces se sentaba en la plaza sola y cantaba susurrando su canción preferida. “le quise explicar que era sólo una broma, no me quiso escuchar…”


Era el día de su boda, se casarían por lo civil. Una noche antes ella recibía la llamada de su novio pidiéndole tiempo para pensar la decisión que tomarían, casarse era algo muy serio y la duda no podía caber en una sentencia así. Suelta el teléfono sin saber que hacer, no podría cancelar la boda que había preparado. Pensando que fue un horrible sueño y sin decir nada se fue a dormir. Al siguiente día sus manos apretaban las flores y la pluma donde plasmaría su firma. El papá del novio interrumpió en las sala disculpando a su hijo, quién no llegaría a la boda. Había salido una noche antes dejando una nota en el televisor diciendo que era demasiado joven para casarse. Salió huyendo en su camioneta y se quedó sin frenos en el camino. Murió instantáneamente al chocar en el camellón central, algunos juzgan como justa su muerte, -cómo se le ocurrió hacerle eso, dejarla plantada-, -se lo merecía- nadie se percató de la sonrisa de la novia, parecía estática pero sus ojos sonreían, permaneció inmóvil y pidió firmar el acta, salió caminando dejando una firma y una marca de grasa en el papel que la llamaría sola.




La curiosidad mató al gato y ella moría de ansiedad por revisar su correo.
Meses antes, había confiado el nombre de usuario y contraseña a su novia olvidadiza. Quizá pensó que nunca lo recordaría, no contaba con que lo anotaría en su ordenador y al revisar los archivos lo encontró. Inscribió con miedo el nombre de usuario, la contraseña y resultó. Los segundos se agrandaron mientras leía el mensaje “cargando”. Entró al correo y se encontró con varios mails de una mujer. Inmediatamente consultó los correos enviados y justamente cada uno de ella, había sido contestado por él. Algunas veces ella comenzaba la conversación y otras la originaba él. Leyó uno a uno los correos, cada párrafo, cada palabra. Encontró recados como “te extraño”, “te admiro”, “eres increíble”, “nos vemos para almorzar”, “te quiero”, “extraño tus despedidas con un beso”, “quería llamarte de madrugada”, “eres maravillosa”, serenamente ella recitaba los mails. Día a día se preparaba puntualmente, de seis de la tarde a dos de la mañana y leía una a una las palabras que desgarraron su razón…

3 comentarios:

Guillermo Berrones dijo...

Hay amores que sobreviven a los traumas de la fe. Hay amores engañosos que firman su sentencia en un papel.Hay amores que se niegan y hay amores que se saben; pero todo humano que padezca de este mal puede un día morder el polvo y sucumbir. Es la ley.
Tus dos historias, amiga, son una muestra del estigma de este sentimiento tan complicadamente humano. ¡Toco madera!

° Marilyn ° dijo...

Mi favorito

La novia viuda antes de casarse:

Nada más peligroso que una mujer despechada.

Ileana dijo...

Coincido contigo Marilyn, nada más peligroso que una mujer despechada.
¡Cuidado! la locura y el despecho juntos, pueden ser muuuy peligrosos.